Cuando Steve Jobs regresó como CEO interino el 16 de septiembre de 1997 para rescatar a la compañía que él mismo había fundado, nadie tenía en mente en lo que podría llegar a convertirse Apple. Por mucho que los especialistas del sector apoyen sus argumentos con cifras en las que queda reflejada la minoría de Apple frente a otros sistemas, pocos productos tecnológicos han conseguido despojarse de los fríos tecnicismos para establecer un fuerte vínculo de unión con los usuarios.
Tanto es así, que ya pocos piden un reproductor de MP3 como regalo de Navidad. Ya son muchos los que quieren tener un "aipoz". Y es que, al igual que ocurren con los "kleenex", Apple ha conseguido hacer de sus modelos una marca que todo lo engloba.
Steve Jobs se enfrentó nuevamente al consejo de administración de una Apple en sus horas más bajas, dejando caer una frase lapidaria que, con el tiempo, sería premonitoria de lo que sucedería en los años siguiente. "Sus productos no son sexys", espetó ante unos sorprendidos ejecutivos que, como muchos especialistas, sólo saben de números.Y parece ser que el tiempo le ha dado la razón. Hasta el punto que muchos usuarios adquieren sus productos comparando en última instancia características técnicas como el procesador, la memoria o la capacidad de almacenamiento. Los usuarios de Apple valoran sus productos en función de lo que pueden llegar a hacer y el beneficio que le puede reportar su adquisición.
No quiero con esto hacer una defensa a ultranza de Steve Jobs, ni ensalzar la figura de un maniático tirano con sus empleados. Sino dejar constancia de la propia experiencia con la que también he de darle la razón.
El primer producto de Apple del cual fui propietario, se trató de un iPod shuffle de segunda generación (Model Number A1204) de 1 GB de capacidad. Un regalo de cumpleaños de mi santa esposa, con el que tuve la oportunidad de acercarme al mundo de los reproductores portátiles y, sobre todo, del podcasting. A este le siguió un ordenador portátil Macbook de policarbonato blanco (Model Number A1181) desde el que diariamente realizo mis actividades como colaborador de diferentes medios de comunicación digitales. Aunque poco económico, sólo me ha dado satisfacciones y un único problema en casi dos años.
Vista la inmejorable experiencia, las pasadas navidades mi santísima esposa me regaló un iPod touch 2G (Model Number 1288) de 16 GB, con el que inicié mi aproximación a un terminal que, sin duda, ha marcado un antes y un después en el mercado de la telefonía móvil: el iPhone 3GS (Model Number A1303) del que soy feliz usuario. ¿Y adivináis gracias a quién? Sí, a mi santa esposa. Y es que, por mucho que lo neguemos, todos somos pecadores. Seguiremos mordiendo la manzana siempre que lo necesitemos o simplemente nos apetezca.




2 Comentarios:
Pues sí, al final te vuelves un poco sectario (Maqueeerooooo), pero merece la pena ;)
PD: ¿Donde se consiguien Santas Esposas como la tuya? xD
A las santas esposas sí que hay que hacerles un monumento, y sin son "macqueras" como en nuestra casa, morderemos la manzana más veces que Adán.
A tí ni te digo cuál fue mi primer Mac, que aún conservo como pieza de museo del diseño ¡funcionando!
P.D. Con el iPhone todavía no, del resto los conoces todos :D
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