
Podéis estar tranquilos. Ni se trata de un folletín fílmico ochentero ni, para desgracia de alguno de vosotros, aparecerá ninguna rubia pechugona bajándose la cremallera de las ídem. Todo lo contrario. Realmente busco a un tal Andrés.
Simplemente quiero conocer aquel que ha vuelto a suplantar mi identidad, otra vez, haciendo que mi persona resulte de cierto interés para otras. No quiero decir que mi vida resulte de lo más anodina e insípida para no acaparar atenciones por parte de nadie, y con esto no quisiera pecar de presuntuoso. En realidad, me refiero a eso que hace que yo o cualquier otro resulte interesante de cara a cualquiera que busque fortuna y gloria en la vida 2.0.
Y es que hay mucho charlatán suelto por la Red, amigo de sus amigos (que se cuentan por miles a tenor de sus cuentas en diversas redes sociales) a lo que no sé qué les pica cuando tiene que anunciar a bombo y platillo algún tipo de evento al que asistirán como "artistas invitados".
De repente, todo es chanza y jerigonza, risas fáciles y conversaciones "casuales" hasta con el más pintado. Después, si te he visto no me acuerdo... Hasta la siguiente, claro está. Un email y dos twits sin respuesta lo confirman.
No, no es una pataleta. Es la confirmación de un un hecho manifiesto que vengo observando en la red desde el auge de las redes sociales en este país. Hay mucho ser humano "falto de cariño", tratando de conseguir virtualmente lo que no puede en la realidad: ser el Rey de la fiesta, el que maneja el cotarro, al que todos adoran y al que todos pretenden imitar, hasta el punto de que muchos de forma voluntaria y otros sin comerlo ni beberlo, nos transformamos en Andrés.
¿Quién será el siguiente?
-- Enviado desde mi iPad 3G



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